Sep 21, 2018

Día Internacional de la Paz

Hoy, Día Internacional de la Paz, recordamos que la violencia y la inseguridad es un problema a atajar para garantizar un futuro mejor en El Salvador. Desde que el fundador de nuestra asociación, el el Padre Juan Ricardo Salazar-Simpson S.J., llegó al país hace más de 35 años en plena Guerra Civil sabemos que la manera más eficaz de traer la paz a los niños y niñas nacidos durante el conflicto es la educación.
Desde que terminase el conflicto en 1992, la violencia enraizó en la sociedad salvadoreña y se incrementó con la aparición de las maras. Dedicadas a la extorsión, al tráfico de personas y a la droga, su presencia impide a la población local vivir en libertad. Ellas son responsables de que El Salvador tuviese en 2017 la mayor tasa de homicidios del mundo: 60 asesinatos por cada 100.000 habitantes, datos similares a los de la guerra civil.
En este contexto, la infancia es un colectivo especialmente en riesgo. Desde muy pequeños, los niños pueden ser captados por las maras. A los 6 años les empiezan a usar como ‘niños centinela’ para vigilar y espiar a policías y grupos rivales. A tan pronta edad, ellos lo ven como un juego. Con 10 años, el proceso de transformación de niño en pandillero está muy avanzado, muchas veces debido a su necesidad de sentirse parte de un grupo o de una familia. Antes de cumplir los 12 años realizan su ‘bautismo de sangre’. En este punto ellos ya ven normal matar, las armas, la violencia intrafamiliar, las violaciones,…
La educación pública debería ser capaz de detener esta radicalización pero no es así. Las escuelas salvadoreñas tienen una jornada de tan sólo 4 horas al día y sus recursos son más que limitados. Un análisis de 20 indicadores de las escuelas públicas del país, realizado recientemente por el periódico local El Faro, no dejaba lugar a dudas: “en datos brutos, la infraestructura de algunas escuelas públicas no satisface en muchos casos ni las necesidades más básicas de quienes las habitan, e imposibilita el buen aprendizaje”.
Este déficit tiene dos consecuencias graves: por un lado, un elevado número de niños, niñas y adolescentes no están en el sistema educativo o desertan del mismo, no llegando a superar los doce grados de escolaridad universal (según el Gobierno de El Salvador, el promedio de escolaridad es de 6,8 años); por otro lado, aunque consigan completar sus estudios, el bajo nivel educativo no les garantiza un futuro mejor. Desde su implementación en 1997, los resultados de Prueba PAES que hacen todos los alumnos del país al finalizar el bachillerato siempre han sido “reprobados” (nota inferior a un 6 sobre 10).

En 2017 más de 12000 alumnos abandonaron sus estudios por problemas de inseguridad

La vulneración de los derechos educativos y de seguridad ataca con mayor énfasis al género femenino. El 21,7% de las mujeres salvadoreñas opina que el maltrato o la violencia intrafamiliar es el problema que más les afecta. Según datos del Observatorio del Ministerio de Educación, cada año 20.000 adolescentes se enfrentan a un embarazo precoz. En 2017, el embarazo adolescente fue causa de deserción en 238 centros escolares.

Frente a ello, desde 1998 el Colegio Español Padre Arrupe beca al 100% de los aproximadamente 1500 alumnos en riesgo de exclusión social que educa cada año. Todos ellos son de Soyapango, segundo distrito más violento y pobre de El Salvador. Pese a sus bajos recursos y de provenir de un territorio controlado por la Mara 18 y Mara Salvatrucha 13, el éxito académico de estos estudiantes es sobresaliente: en 2015 el colegio obtuvo el mejor resultado en la PAES del país y en 2016 y 2017, quedó en segundo puesto; siempre superando una puntuación de 8,6. Además, el 100% de los graduados del centro estudian una carrera tras acabar el bachillerato. Incluso en muchos casos son becados por universidades internacionales.
Es de reseñar que, a pesar de la tradición machista propia de la zona, el 55,2% de los 1430 jóvenes que estudian actualmente en el Colegio son mujeres. Y todas ellas (789) obtienen los mismos resultados de éxito y de futuro prometedor que sus compañeros hombres.
Además, desde el comienzo, somos el único Colegio para niños de escasos recursos que utiliza las Artes Escénicas y Plásticas como herramienta educativa básica para educar en la paz a estos chavales que viven tan rodeados de violencia y extorsión.